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Acerca de una estética que no se deja asir sino mediante la lectura. Notas en torno a una muestra de Gabriela Forcadell.



 Acercarse
Hacé como si llegás a una muestra sin más método que predisponerse a la sorpresa, tras ser advertido de que te podés llegar a encontrar con un trabajo visual que no sea aprehendido/abarcado/legible a primera vista.
Hacé como que no tenés más prevenciones que lo que primará –posiblemente- sea el concepto, la idea, un argumento, en fin… algo que está ahí, en las imágenes pero que las excede.
Y llegás, pero no sos vos el que llegás, y lo que llega es el día en que creés que llegás, porque todo ya sucedió, aunque todavía no ha pasado nada.
 
Estar dentro
Te encontrás (¿o ellas te encuentran a vos?) con ¿ocho?, ¿diez?, ¿doce?... el numero no importa. Lo que importa es que son acuarelas en hojas blancas. Acuarelas sobrias, colores primarios que no llegan a mezclarse nunca pero que, sin embargo, señalan formas, espacios posibles, volúmenes. Esas acuarelas nos interpelan y terminamos dándonos cuenta que al ratito ya las estamos mirando, estamos haciendo un esfuerzo extraordinario por intentar responder al gesto que enarbolan desde su aparente inocencia: nos dicen (desafiantes, ¡como con una lanza en la mano!): ¿te animás a leernos? Tras la lectura, ahora lo sabés, quien la soporta deja de ser un sí mismo y pasa a ser otro, se difiere.
Intento ensayar alguna respuesta tímida. Pero antes de la respuesta haré el intento de describirlas mínimamente. Formas despojadas. Evocaciones concretas (me refiero a que resuenan, a vuelo de pájaro, ecos del Movimiento Concreto o el Madí, quizá). Hay algo ahí que nos incomoda (¿será ésta una estética que contraviene la plenitud de la imagen que impera en la red-de-redes?). La propuesta de la muestra estaba ahí, sigue estando y mitiga la certeza que a veces nos asalta al mirar una imagen cualquiera. Poco queda claro: hojas pegadas en la pared, sin marco, ni soporte para su fragilidad. Están ahí, páginas frágiles con colores frágiles que esperan a quien se aventure a mirarlas. Esperan mudas pero a la vez expectantes. Sin apuro, acechan al espectador furtivo. Están ahí.
Gabriela Forcadell (Ramos Mejía, 1969) es la artista visual que está tras el pincel. Ella imagina espacios posibles mientras ocupa “su” tiempo en la factura de estas imágenes que mostró y otras que nunca veremos. Es conciente que los espacios bidimensionales creados-imaginados tienen como excusa espacios (u objetos que ocupan espacios, que es decir lo mismo con ideas diferentes) que conjeturalmente pueden ser vistos. Y me asalta de improviso una problema: en este trabajo de Gabriela ¿escrituras y grafismos –dibujos, pinturas, manchas- encuentran un momento que no necesariamente espera ser reconocido como valorado [1]? Pero sin embargo todo está ahí, podemos verlo en los planos cromáticos que se superponen sin mezclarse. Las formas juegan y las miramos combinarse en un truco imaginativo sobre la página en blanco que Gabriela destroza con habilidad y paciencia.
Las páginas a las que me refiero fueron colgadas en la pared de La Paz 82 de Paraná y conforman la muestra seis del año para la Libreria Correveidile. Muchas otras no llegaron a esa pared. Eso no importó. Éstas y aquellas,todas las páginas, fueron un trabajo en progreso, una razón para que algunas estén ahí. Yo quisiera ver también las otras y darme cuenta que las imágenes podrían no tener fin, dando curso a una obra infatigable que inunda todo el espacio (una superposición de páginas y páginas con acuarelas sin tercera dimensión que toman un cuerpo en el mundo por intermedio del papel), pero puedo ver esas. Me quedo con ganas de más acuarelas, de más espacios, de más cruce entre lecturas del trazo e imaginación de espacios. Creo que Gabriela nos llama y exige sin premura pero con apremio. Nada de histeriqueos del artista del presumido mainstream-emergente. La paciencia de quien sabe que la tarea está hecha es más bien el soporte para la imagen que prefiere-no-devenirespectáculo.
Fede Brollo
Santa Fe, Invierno 2009
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Notas
[1] Ingresarían en un espacio de valoración por medio de la escritura que toma cuerpo en un texto “estético” o “científico”, etc; visualmente un modo de valorar una “mancha” sería a través de la construcción del espacio pictórico, o una biografía que autorice el arrebato; y también lo visual se valida por medio de su uso, el objeto de diseño….

Acerca de algunas estrategias simbólicas de apropiación…



A partir de los conflictos suscitados primero en el Parque Nuevo y luego en el Puerto Nuevo, sectores de la ciudadanía desde hace un tiempo están intentando poner en debate, el tema los espacios públicos: a quién pertenecen, quién puede decidir sobre ellos, con qué criterios pueden ser usados, etc. La urgencia de poner en discusión la (supuesta) potestad que el Estado (o, lo que es mucho peor, los “socios” del funcionariado) tiene sobre los mismos para generarlos, investirlos de sentido, gestionarlos, etc… creo que resonó en “Urbanidades”, una muestra llevada a cabo entre el 2 y el 17 de mayo en Máxima Expresión (Tucumán 738) por tres jóvenes artistas de la ciudad.


Allí, las obras de Ivan Galiussi, de Florencia Penna y de Francisco Vásquez nos permitían visualizar nuestra ciudad desde distintas perspectivas, pero con –creo entrever- un fuerte tono común que las vinculaba. Y prueba de esta lo puede dar la obra conjunta: una intervención a un plano de la ciudad.

Paraná más que un motivo era una razón: Penna fotografió cielos y, en una búsqueda íntima, algo nostálgica y un poco onírica los intervino digitalmente imaginando en ellos otros colores y otros horizontes. Galiussi por su parte construye una serie de postales hipotéticas donde la geografía urbana de Paraná “dialoga” y se funde (fotomontaje mediante) con otras ciudades, tomando prestadas de ellas unas pagodas, un morro carioca o una playa, riéndose un poco tal vez de las aspiraciones globalizadas del medio-pelo. Finalmente, Vásquez acota la mirada sustrayendo toda imagen accesoria y extraña a lo que quiera decir. Así genera, por un lado, tres vistas panorámicas (derecha, frontal e izquierda), mientras que, por otro, recrea o imagina escenas de la ciudad y sus transeúntes, sus objetos, su arquitectura, mostrándonos un poco con humor y otro poco con ironía qué hacemos y qué podemos hacer nosotros dentro de ella.
Veo que los trabajos de Vásquez, Galiussi y Penna testimonian a partir del anhelo, la expectativa, el contradictorio vínculo de proximidad/lejanía, la mirada irónica o incluso, la pesquisa etnográfica, los vínculos afectivos e intelectuales que la ciudad es capaz de generar en los vecinos. Y no es casual que la muestra se titule “urbanidades”, porque lo urbano de la ciudad nunca está conformado por una anexión sucesiva de propiedades privadas o espacios recreativos sino por una amalgama donde los espacios públicos articulan y dan cuerpo a la experiencia de “lo urbano” y “lo público”. Creo que un poco por esto puse en diálogo de manera automática las obras de aquella muestra y el problema de los espacios públicos apropiados por las elites gobernantes.




Fede Brollo
Paraná, Junio 2008


Publicado, a fines de contribuir con la discusión sobre los espacios públicos, en “El caracol” (Página de distribución gratuita de la Biblioteca Caminantes. Paraná, Junio 2008)